Mi bandera, poco a poco, se va llenando de firmas. Firmas de gente con la q compartí mucho. Algunas llenas de sentimiento, que me hacen llorar cada vez q las leo. Otras que guardan significados ocultos y que a pesar de su apariencia inexpresiva me dicen más de lo que quisieran.
El fin cada vez está más cerca y yo sigo odiando las despedidas.
Hace un año estaba repleta de miedo, incertidumbre y pocas (o ningunas) ganas de venir.
Ahora solo soy agua, que se escapa inevitablemente a través de mis lagrimales.
lunes, 26 de mayo de 2008
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1 comentario:
piensa que no es un adios, es un hastaluego....
yo ya me acostumbré a las despedidas, y duelen menos.
ánimo mulleriña
quéroche boneka
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